Insultante

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Por favor, dejen de insultarnos. De reírse en nuestras narices. De jugar con nuestro tiempo y con nuestro dinero. De marearnos. Incluso de despreciarnos. Se acabó la broma. Por favor, cierren el circo.

España atraviesa por una de las épocas más complejas y convulsas de nuestra historia reciente. A nivel político, económico y social. Incluso problemas de identidad y un independentismo más enérgico que nunca. Al frente, una clase política inmadura que demuestra que no está a la altura de asumir las circunstancias. Ni hablemos de solucionarlas. Desconfianza e incertidumbre por los cuatro costados.

El debate de investidura abre uno de los capítulos más delicados de todo este drama convertido en un barato vodevil por lo ridículo de sus actores. Una investidura abocada al fracaso antes de empezar y cuya finalidad aún está por descubrir.

Vaya por delante que quien redacta estas líneas no es analista político ni tiene pretensión alguna en serlo. Simplemente escribe con el sentido común de cualquier votante. Como ciudadano agotado, cansado y hastiado, decepcionado, desencantado y desilusionado, molesto, enfadado y harto. Sobre todo harto. Harto de que una clase política mediocre haya institucionalizado el esperpento de manera tácita y que se haya acomodado a que cuyas alternativas de futuro se basen en jactarse de los errores del pasado de los rivales. De no ofrecer soluciones, sino reproches.

Harto de llevar más de dos meses con un Gobierno en funciones que apesta a corrupción. Harto de las constantes incongruencias de unos y otros. De la inconsistencia del discurso político. Harto de vaivenes, de incoherencias y de desatinos.

Sólo por mencionar algunos ejemplos: antes de las elecciones, Ciudadanos no iba a pactar con nadie (!). Para Podemos, PP y PSOE eran la casta (por no decir la peste) y el peor enemigo para el futuro de España. Por supuesto, para PP y PSOE, los partidos emergentes eran la hecatombe. Sin embargo, los acercamientos entre el partido de Pablo Iglesias y el de Pedro Sánchez han sido evidentes; de hecho, el pacto sólo se ha roto por la incursión de Ciudadanos. Por otro lado: hace sólo unos días, el PSOE mendigaba con extrema necedad un pacto con Podemos para conseguir los votos necesarios para la investidura de Sánchez. Sólo unas horas después, en pleno debate, el líder socialista cambia el discurso y recrimina a su homólogo de la formación morada sus declaraciones con respecto al terrorismo etarra. ¿Acaso no estaba clara ya esa postura? ¿Cuál es la moral de pactar con un partido con el que aparentemente se está en las antípodas en materia terrorista?

Basta de burlas. Basta de acercarse al sol que más calienta y de unos discursos sin principios. Basta de espectáculos circenses, tragicomedias y esperpentos. Basta de hacer el ridículo. Basta de ser el hazmerreír de Europa. Dejemos de seguir dando razones para que la reflexión de Otto von Bismarck siga siendo una realidad: “Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a si misma y todavía no lo ha conseguido”. Basta.

Una vez más, permítanme que insista: por favor, dejen de insultarnos. De reírse en nuestras narices. De jugar con nuestro tiempo y con nuestro dinero. De marearnos. Incluso de despreciarnos. Se acabó la broma. Por favor, cierren el circo.

Ignacio   Escrito por Ignacio   |   2 March 2016 1 comentarios
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1 Comentarios

Comentarios
Mar 25, 2016
22:22
#1 G.P.V. :

¡Totalmente de acuerdo! Llevamos tanto tiempo así que igual parece que nos hemos resignado y acostumbrado a que abusen de nosotros, pero esto es inadmisible. ¿Cuánto llevamos sin gobierno efectivo, al ser incapaces de ponerse de acuerdo? ¿Qué pasa con la clase política en este país? Antes la política era un empleo respetable, y sin embargo ahora no hay ni un solo político decente.
¡Basta ya!

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